
Alfonso Lizarazo es uno de los más grandes presentadores que ha tenido la televisión colombiana, pese a su gran trayectoria en la actualidad este personaje no tiene el renombre de hace unos años, cuando decidió retirarse de la presentación para lanzarse al ámbito político en el periodo de 1998 - 2002.
Este santandereano dirigió durante 26 años uno de los programas más populares de la televisión colombiana, Sábados Felices, programa que sigue vigente pero con la dirección de Ali Humar. Actualmente Alfonso Lizarazo se encuentra trabajando fuertemente junto con Carlos Donoso en su propio canal, Humor Channel el cual dice Lizarazo que aún esta muy pequeño pero en espera de un proceso de expansión.
Aunque no lo afirma en su rostro y como habla de Sábados Felices es seguro que si le volvieran a ofrecer la dirección del programa no lo pensaría dos veces. Hace algunos años le ofrecieron un pequeño segmento motivo por el cual decidió no aceptar.
El panorama del humor que ve hoy en día este expresentador refleja su nostalgia por el pasado que le dio tantas glorias. “Los humoristas se limitan a reciclar en otras partes” afirma Lizarazo explicando que en Colombia se están copiando formatos de otros países para hacer humor como es el caso de los stand up comedy.
Luego de una exitosa carrera como presentador decide incursionar en la política y se convierte en senador de la republica, experiencia que le deja un sabor amargo ya que no pudo jugar un papel importante. Su intención al salir de Sábados Felices para ingresar en la política no era otra que difundir mucho más el sueño que durante años dirigió “lleva una escuelita en tu corazón”. Sueño que no pudo cumplir debido al poco apoyo que tuvo por parte de sus colegas.
De la política habla con tristeza, “las personas que incursionan en la política lo hacen por un interés económico” y aunque en este momento recibiera el apoyo de una maquinaria política dice que no volvería a pisar este terreno por que no se dan soluciones sólo son paños de agua lo que le dan al pueblo. Afirma que logró hacer más con Sábados Felices que lo que pudo hacer en el gobierno, al conocer sitios que jamás se imagino y a los cuales ni siquiera los entes gubernamentales habían llegado. Con el apoyo de su equipo de trabajo y algunas fundaciones se construyeron más de trescientas escuelas en distintos municipios del país.
Alfonso Lizarazo un hombre dispuesto a no dejarse vencer al igual que lo hizo en el tiempo que dirigió Sábados Felices asegurando que el secreto para estar tanto tiempo vigente en la televisión fue trabajar incansablemente, y así lo demostró por veintiséis años.
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Francisco Asencio, es un ciudadano que a sus sesenta y dos años, batalla entre caballos, carros, buses, y el smog de la ciudad. Tanto el como su familia no se dejan acomplejar por la pobreza en la que están sumidos y mucho menos por tener que cabalgar en una selva de asfalto para conseguir el sustento diario.
En Bogotá ya ni siquiera en zorra se puede andar. La secretaria de movilidad exige a los conductores de este vehiculo de tracción animal con un sólo caballo de fuerza, varios requisitos. Entre ellos se encuentra: pase de primera categoría, certificado de bienestar social expedido por la sociedad defensora de animales e incluso chaleco reflectivo como el de las motos.
A partir del primero de julio de 2006 por decreto 510 de 2003, 086 y 291 de 2004 la secretaria empezó a ejercer controles a los 3508 conductores de zorra (según censo realizado por esta entidad), obligando a cumplir reglas como: ser mayores de dieciséis años, tener tarjeta de propiedad del vehículo entre otros. Para averiguar más acerca de estas normas y de cómo es la jornada laboral para estas personas he decidido internarme en su mundo y así convertirme en zorrero por un día.
Son las ocho de la mañana, desde lejos se empiezan a ver los jinetes del rebusque que comienzan a llegar junto con sus carretas a un pequeño local ubicado en una esquina a dos cuadras de la plaza de mercado de Paloquemado, junto a las vías del tren; la mayoría pide una bebida caliente se la toman a tono pausado mientras conversan con sus compañeros, luego cada uno se sube a su carreta y parten al parecer sin rumbo fijo.
Mientras los observo espero a Francisco Asencio, quien muy amablemente me permito acompañarlo en su carreta y ser su compañero de jornada laboral. Luego de quince minutos de retraso aparece, montado en su carreta vestido con su armadura de combate, overol y gorra, me saluda y se dispone a hacerle limpieza a su tan valiosa herramienta de trabajo, comienza a barrer las tablas y me comenta que por exigencia de la secretaria de movilidad debe cargar siempre en ella una pala, un balde y una escoba, que sobra demás decir para que son usados.
Francisco es un hombre que desde los siete años se dedicó a este humilde oficio, hoy en día a sus sesenta y dos años, es el líder de los zorreros del sector de paloquemao, aunque piensa retirarse este año, dice que sus compañeros no le prestan mucha colaboración, no obstante piensa seguir trabajando en su carreta ya que como bien el lo dice “Ya cuando no pueda trabajar, pues buscar un ancianato porque es lo único que puede hacer uno”.
Francisco termina de alistar su carreta lo único que hace falta para arrancar en busca del sustento diario, son las plantas que su mujer le lleva todos los días para que las venda, (el oficio de los zorreros no es como muchos piensan sólo reciclar y recoger escombros). Francisco me señala que ahí viene su esposa, veo una señora cerca de los sesenta años jalando una carreta que lleva encima varias plantas, tiene una fuerza que a pesar de su edad me sorprende y en cierto modo me da envidia. Al llegar a donde nos encontramos Francisco y yo, rápidamente y con un saludo corto nos disponemos a cargar las plantas en la zorra, al terminar la pareja se despide y la señora, con quien no tuve tiempo de presentarme me da la mano para despedirse. Partimos hacia la calle sesenta y seis con carrera trece allí Francisco tiene que llevar unas plantas que le encargaron. Por el camino me comenta que el lleva dedicado a vender plantas treinta años, que durante algún tiempo se dedicó al reciclaje, pero que realmente es más esclavizante, la venta de plantas es mejor paga y además ya tiene su clientela.
Nos metemos por entre las calles, que la secretaria de movilidad permite transitar, para aprovechar por si a alguien se le ofrece comprar, pero durante el recorrido nadie se acerco ni siquiera a preguntar el precio. A las 11:00 de la mañana nos encontrábamos en la calle setenta y dos con treinta, un policía de transito para la zorra, le pide papeles a Francisco y comienza a revisar que todo este en orden, verifica que la carreta tenga la placa (que no esté incumpliendo el pico y placa), las herramientas de aseo y la llanta de repuesto. Parecía que todo estaba en orden excepto por un pequeñísimo detalle, faltaba el chaleco reflectivo. Francisco al salir de su casa olvido echarlo, el agente se preparaba para hacer la multa, pero luego de diez minutos de insistirle que por favor no se la colocara el agente finalmente accedió, tal vez lo conmovió la edad de Francisco o el tono que emitía su voz, preocupado por no saber de donde iba a sacar los cincuenta y seis mil pesos que le hubiera costado la multa.
Seguimos nuestro camino y al llegar al lugar donde teníamos que entregar el domicilio, me doy cuenta que era una notaria. Rápidamente bajamos las plantas de nuestra selva ambulante y las acomodamos donde nos indica la señora que las recibe. La señora saca del bolsillo de su camisa un dinero y pregunta ¿las tres plantas valen cuarenta y cinco verdad? Francisco le responde con una afirmación. Salimos de la notaria y le comento a mi compañero.
- es buen negocio
- no crea, hay días en los que puedo sacar esto o más, pero hay otros que puedo pasar en blanco. Además hay que sacar diez mil diarios para el alimento de la zorra (zanahorias, lechuga y salvado entre otras legumbres) veinte mil semanales para el parqueadero y diecisiete mil quinientos pesos mensuales por la afiliación a la cooperativa que es otro de los requisitos para transitar en Bogotá legalmente.
Nos montamos nuevamente en la carreta y arrancamos a buscar que más puede salir llegamos hasta la calle noventa, haciendo el recorrido habitual de Francisco, y nos devolvemos sin una sola venta más. Por el camino le pregunto que si el gremio de los zorreros es muy discriminado, Francisco me dice que la mayoría de personas piensa que por su trabajo son ladrones y le siente desconfianza y lo peor es que en el gremio de los carreteros por uno pagan todos.
-o acaso no lo sintió.
En el transcurso del día me di cuenta que las miradas de las personas cuando uno anda en carreta son de temor, de discriminación y hasta de asco como si uno por ser zorrero tuviera lepra, como me hizo sentir una señora antes de llegar a la calle noventa a la cual le ofrecí las plantas y me miro de arriba a abajo de forma despectiva.
Finalmente al llegar a paloquemao a las 3.00 de la tarde entendí que estas personas no son lo que siempre había creído y lo que cree mucha gente, que son unos indigentes, realmente los zorreros son unos berracos, unos luchadores que le apuestan todos los días a la calle, algunos como el hijo de Francisco se la juega con lo que nosotros consideramos basura, otros recogiendo escombros y aunque hayan personas que hagan quedar mal el gremio como me dijo Francisco hay muchos que son honestos. Los zorreros son hombres dispuestos a pasar por encima de las miradas que los juzgan esas miradas de miles de bogotanos que tuvieron las cosas más fáciles que ellos y por está razón no entienden que aunque hayan estratos sociales todos somos iguales y todos tenemos los mismos derechos así no tengamos los mismos privilegios.
Normas movilidad carreteros
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